Celebrando la muerte de un cochino, (del que no nos dieron ni un pedazo), dijiste algo que jamás olvidaré: “ustedes son mis hijos, mi ejemplo y el ejemplo de mis hijas”. Eso, como siempre, lo asumimos como una jodedera, como parte de la emoción, como una más de las tuyas, (o las nuestras), echadera de vaina al fin…
Ahora, después de tanto tiempo, entiendo el significado de lo que nos dijiste aquel día.
Los recuerdos siempre llenarán el vacío que dejan las ausencias. Las palabras que se dijeron, las miradas, las risas, las alegrías, siempre serán más poderosas que la inoportuna muerte, siempre tendremos esa ventaja sobre lo inevitable.
Como dijo Benedetti: “Por eso estoy aquí, mirándote y echándote de menos”. Pero tu ausencia (física), la falta de tu cuerpo, la ausencia de tus huesos, no me entristecen…
Tu ejemplo, tu amistad, tu camaradería, tu siempre consejo, tu siempre palabra alentadora, tu siempre capacidad de derrotar lo adverso, tu siempre empeño por aprender, tu siempre ganas de escuchar, de enseñar; tus rios que nos mostraste, tus montañas que recorrimos, tu sueños por hacer, toda tu humanidad vive en nosotros.
Aquí, los que quedamos, nos aferramos firmemente a tus sueños, a tu honestidad, a tu consecuencia revolucionaria. Nosotros no somos tu ejemplo, el ejemplo es tu vida, tu practica, tus deficiencias y tus virtudes, tu esposa, tus hijas, y todo este ejercito de comunistas que dejaste aquí sembrados… Hasta siempre amigo y camarada!!


